Jacobo de Testera
A este grupo de documentos se les conoce también con el nombre de Códices Testerianos, por atribuirse su creación a fray Jacobo de Testera, franciscano que llegó a la Nueva España en el año de 1529, y quien para 1535 ya se encuentra evangelizando a los indígenas mediante la utilización de lienzos con imágenes cristianas, como lo refiere fray Juan de Torquemada en su obra titulada Monarquía Indiana.[1] En otra fuente se menciona que este método de evangelización, mediante el uso de imágenes, ya era utilizado por fray Gonzalo Lucero desde 1527, cuando catequizaba a los indígenas de la Antequera como se le conocía anteriormente a la ciudad de Oaxaca, según testimonio de fray Francisco de Burgoa.[2] Estos datos desplazan la hipótesis de atribuir la paternidad de los documentos a Fray Jacobo de Testera y lo más probable es que haya sido uno de los primeros franciscanos llegados a tierras americanas, quien ideó este sistema de evangelizar mediante la utilización de imágenes, basándose en el sistema de escritura indígena. Los datos recabados a partir de la consulta de fuentes documentales como la obra de fray Diego Valadez, titulada Retórica Cristiana, permiten deducir que fue fray Pedro de Gante quien utilizó en los primeros años de la conversión de los indígenas, una serie de lienzos con pinturas alusivas a pasajes bíblicos. Se cuenta también con datos sobre la utilización de imágenes para registrar en papeles todas las faltas cometidas por los indígenas, cuando se trataba de confesar sus pecados a los frailes. Tomando en cuenta estos datos se puede deducir que los catecismos indígenas en imágenes tienen su origen tanto en la utilización de lienzos con iconos cristianos durante el proceso de evangelización, como en la adecuación que hicieron los propios indígenas al utilizar pictografías en la confesión de sus pecados. En la elaboración de estos documentos bajo el formato de cuadernos, se siguió el sistema de encuadernado europeo, pero se mantuvo el viejo sistema pictográfico desarrollado por las antiguas sociedades mesoamericanas, lo cual es un indicio de la manufactura de estos documentos por parte de pintores indígenas transculturados, quienes desarrollaron un sistema mixto que combinaba representaciones pictográficas tradicionales, iconos cristianos y nuevos elementos gráficos que denotan una adecuación del sistema gráfico indígena a las necesidades generadas durante el proceso de evangelización. Conforme fue avanzando la cristianización de las sociedades indígenas, los frailes observaron las ventajas de la utilización de imágenes en la enseñanza de las oraciones básicas y misterios de la religión cristiana, por lo cual este tipo de documentos pictográficos se fue multiplicando, a la vez que la imagen en algunos casos se fue estilizando cada vez más, al grado de dificultarse la identificación y lectura de ésta. En algunos catecismos las representaciones gráficas van acompañadas con glosas en caracteres latinos, tanto en español como en alguna lengua indígena, facilitándose de esta manera su comprensión, pero en otros casos no contamos con más información que en las imágenes estilizadas, lo cual hace más difícil la comprensión de su contenido. En lo referente a la disposición de las imágenes, éstas se encuentran distribuidas en franjas, delimitadas por líneas en color negro. El número de estas franjas varía de un documento a otro, por lo que no vamos a encontrar un formato estándar, y si tomamos en cuenta las variantes estilísticas, el trazo y los colores encontraremos que cada documento es único en su género. En el acervo mexicano de la Biblioteca Nacional de Francia se conservan cuatro documentos que por el tipo de información podemos agruparlos dentro del corpus de catecismos indígenas. Los cuatro presentan algunos rasgos en común, pero se diferencian en cuanto a su estilo, trazo y estructura. Estas diferencias estilísticas dificultan en cierta medida poder ubicar con exactitud el lugar de origen y temporalidad de los documentos. Los primeros informes que hacen referencia a los documentos catalogados con los números 076, 077 y 078, formaron parte de la colección de don Lorenzo Boturini, erudito italiano que se dio a la tarea de reunir una importante cantidad de documentos de manufactura indígena.[3] Acervo que fue incautado por las autoridades novohispanas para evitar su salida de la Nueva España, de esta manera se inició la dispersión de varios documentos, entre ellos los catecismos indígenas que fueron adquiridos por Joseph M. Aubin[4] y, más adelante integrados a la colección de Eugéne Goupil, de donde pasaron a la biblioteca donde actualmente se resguardan. Del catecismo catalogado con el número 399, no se cuenta con datos sobre su origen y traslado, aparte de ser uno de los más complejos por el tipo de glifos sumamente estilizados que le caracterizan.
Link: Testeriano I
